La ola de calor más intensa registrada agravó la propagación del fuego en la península ibérica. El desastre dejó fallecidos, decenas de miles de evacuados y graves daños a espacios naturales protegidos. Expertos advierten que estos fenómenos serán cada vez más frecuentes debido a la crisis climática
La Unión Europea enfrenta en 2025 su peor temporada de incendios desde que existen registros.
Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (Effis), la superficie calcinada ya supera 1.016.000 hectáreas, una cifra nunca antes vista y que rebasa el récord de 2017.
El drama se concentra en la península ibérica: España ha perdido 377.000 hectáreas y Portugal 260.000, lo que equivale a más del 60 % del total continental.
Las llamas han dejado fallecidos, más de 35.000 evacuados y severos daños en áreas naturales protegidas, como el Parque Nacional de Picos de Europa y el Camino de Santiago.
El origen del desastre está en la combinación de una primavera húmeda, que impulsó el crecimiento de vegetación, y un verano extremadamente seco y caluroso.
España vivió la ola de calor más prolongada y potente desde que se tienen registros, con una anomalía térmica de 4,6 grados. Esa combinación convirtió al territorio en un polvorín.
Las consecuencias ambientales también son alarmantes. Los incendios han liberado 38 millones de toneladas de CO₂, más del triple que en el mismo periodo de 2024, lo que deterioró la calidad del aire en la península ibérica y Francia. Expertos de Copernicus califican de “excepcionales” tanto las emisiones como la magnitud de los incendios.
Portugal, aunque con menor extensión total, es el país que más porcentaje de territorio ha visto consumido por el fuego: un 2,83 %. Allí, el incendio de Arganil arrasó más de 64.000 hectáreas, uno de los mayores de su historia. En Grecia y Albania también se reportaron víctimas y evacuaciones, con episodios de hasta 152 focos activos en un solo día.
La Agencia Espacial Europea advirtió que la crisis climática hará que estos episodios sean más frecuentes e intensos en los próximos años. La devastación de 2025 se convierte así en una advertencia urgente sobre el futuro de la región frente al cambio climático.